domingo, 22 de noviembre de 2009

Fiosofia





En general, "filosofía" en Grecia significó el gusto, el amor por la sabiduría (sophía) y por el conocimiento que se logra mediante el examen o la inspección de las cosas, conocimiento que los griegos llamaron theoría. Los conceptos de filosofía, sophía y theoría estuvieron siempre íntimamente asociados en la mente griega, y llevar a cabo una síntesis entre sophía y theoría fue el gran logro del espíritu griego. La nueva forma de saber y de pensar que desde los griegos se llamará "filosofía" se ha caracterizado históricamente, desde sus orígenes hasta la actualidad, por tres rasgos: su radicalidad inquiriente, su vitalidad secularizadora y su principialidad última.


En primer lugar, la radicalidad del pensamiento discursivo frente a la imaginación mítica tiene su origen en el cuestionamiento de la explicación mítica por pérdida de credibilidad: "La filosofía sólo puede brotar cuando han acontecido estos dos hechos: que el hombre ha perdido una fe tradicional y ha ganado una nueva fe en un nuevo poder de que se descubre poseedor: el poder de los conceptos o razón.

La filosofía es duda hacia todo lo tradicional; pero, a la vez, confianza en una vía novísima que ante sí encuentra franca el hombre. Duda o aporía, y euporeía o camino seguro, ´méthodos´, integran la condición histórica de la histórica ocupación que es filosofar.

La duda sin vía a la vista no es duda, es desesperación. Y la desesperación no lleva a la filosofía, sino al salto mortal. El filósofo no necesita saltar, porque cree tener un camino por el cual se puede andar, avanzar, y salir a la Realidad por propios medios" (José Ortega y Gasset). En segundo lugar, la filosofía se caracteriza por el desplazamiento del objeto desde la esfera de lo sobrehumano a las cosas de la experiencia cotidiana:

El estudio y el
concepto filosofia, como todos los demás estudios, aspira principalmente al conocimiento. El conocimiento a que se aspira es aquella clase de conocimiento que nos da la unidad y el sistema del cuerpo de las ciencias, y el que resulta del examen crítico del fundamento de nuestras convicciones, prejuicios y creencias. Pero no se puede sostener que la filosofia haya obtenido un éxito realmente grande en su intento de proporcionar una repuesta concreta a estas cuestiones. Si preguntamos a un matemático, a un mineralogista, a un historiador o a cualquier otro hombre de ciencia, qué conjunto de verdades concretas ha sido establecido por su ciencia, su repuesta durará tanto tiempo como estemos dispuestos a escuchar.

Pero si hacemos la misma pregunta a un filósofo, y éste es sincero, tendrá que confesar que su estudio no ha llegado a resultados positivos comparables a los de otras ciencias.

Todo el estudio del cielo, que hoy pertenece a la astronomía, antiguamente era incluido en el concepto de filosofia. El estudio del espíritu humano, que era, todavía recientemente, una parte de la filosofia, se ha separado actualmente de ella y se ha convertido en la ciencia psicológica. Así, la incertidumbre de la filosofia es, en gran medida, más aparente que real.

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